Trastornos-lenguaje

Nuevo consenso sobre el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL)

Lo que todas las familias deberían saber

Equipo AUDILEN

Durante muchos años, los profesionales de distintos países han utilizado diferentes nombres y criterios para referirse a los niños con dificultades persistentes en el desarrollo del lenguaje. Esto ha generado confusión tanto en las familias como en los equipos de salud y educación.


Un reciente estudio de consenso, desarrollado por 51 especialistas de 13 países hispanohablantes, logró establecer acuerdos para unificar la forma de comprender y diagnosticar el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL).


¿Qué es el TDL?

El Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) corresponde a dificultades significativas y persistentes en el desarrollo del lenguaje que no pueden explicarse por una condición biomédica conocida, como una pérdida auditiva, un síndrome genético o una discapacidad intelectual. Estas dificultades impactan la participación del niño en su vida social y escolar.


Los principales acuerdos del estudio

1. Un mismo nombre para hablar el mismo idioma

Uno de los cambios más importantes es utilizar de manera consistente el término Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) cuando no existe una causa médica identificable.

A todos los niño/as con dificultades significativas y persistentes en el desarrollo del lenguaje que afectan al desarrollo social y escolar serán designados de forma genérica como niño/as con “Trastorno del lenguaje”.

 Para describir a aquellos/as niño/as que presentan dificultades del lenguaje antes de cumplir los 4 años y que no cumplen los criterios para ser diagnosticados con un trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL), se recomienda utilizar el término “inicio tardío del lenguaje” o “hablante tardío”. 

 Los niños que presenten dificultades fonológicas de origen funcional que no van acompañadas de otros problemas del lenguaje, que suelen responder bien a la intervención y la afectación se encuentra únicamente en la fonología, el diagnóstico no debe ser de TDL sino el de trastorno de los sonidos del habla (TSH)

 

Si las dificultades del lenguaje son consecuencia de otra condición, se recomienda utilizar la expresión "Trastorno del lenguaje asociado a...", indicando la condición que lo explica.

 

2.- Áreas alteradas

El trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) puede afectar a una o más de las siguientes áreas:

  • Fonología

  • Sintaxis

  • Morfología

  • Semántica

  • Acceso al léxico

  • Pragmática

  • Discurso

  • Aprendizaje verbal/memoria

 

2. Cada niño es único

El consenso recomienda no clasificar el TDL en subtipos (comprensivo, expresivo).

En cambio, es más útil realizar una descripción de las áreas del lenguaje alteradas en cada niño, por ejemplo:

  • comprensión

  • vocabulario

  • gramática

  • pronunciación

  • pragmática

  • discurso

Esto permite planificar una intervención mucho más personalizada.


3.- Comorbilidades

Son trastornos excluyentes del TDL:

·  el daño cerebral

·  los trastornos neurodegenerativos

·  la parálisis cerebral,

·  la hipoacusia neurosensorial

·  los síndromes genéticos

·  el autismo 

·  la discapacidad intelectual 

·  el mutismo psicógeno o selectivo. 

 

En el caso que un/a niño/a presente de forma concurrente alguno de los trastornos siguientes:

  • TDAH

  • Problemas motores (que incluyen el trastorno del desarrollo de la coordinación o la dispraxia evolutiva)

  • Trastornos del aprendizaje (como la dislexia, la discalculia o la disgrafía) 

  • Trastornos de la fluidez (tartamudez, taquilalia y bradilalia, cluttering o farfulleo y disprosodia)

  • Trastorno de los sonidos del habla cuando la afectación sea de naturaleza orgánica (por ejemplo, insuficiencia velofaríngea)

  • Trastornos de la conducta

  • Trastornos emocionales

Se le deberá diagnosticar como trastornos comórbidos al TDL.


4. El diagnóstico requiere una mirada integral

La evaluación debe llevarse a cabo por un profesional especializado y el diagnóstico no debe basarse únicamente en el resultado de un test. Debe considerar:

  • entrevistas con la familia y profesores;

  • observación clínica;

  • pruebas estandarizadas, validadas y culturalmente adecuadas;

  • el impacto que las dificultades tienen en la vida diaria del niño.

El diagnóstico del TDL requiere considerar que puede afectar a múltiples áreas

lingüísticas, por lo que se debe realizar una evaluación exhaustiva que descarte 

inicialmente otras condiciones, especialmente cuando las dificultades se centran en la comunicación social y pragmática. Además, el consenso señala que el diagnóstico de TDL puede realizarse a partir de los 4 años, cuando las dificultades son persistentes y afectan significativamente el desarrollo.

 

En niños con una limitada exposición a la lengua propia del país, el diagnóstico debe apoyarse en la evidencia de dificultades del lenguaje en ambas (L1 y L2), recurriendo a la observación y entrevistas cuando no sea posible evaluar la lengua de origen, y teniendo en cuenta que una diferencia en la adquisición de la lengua del entorno no implica necesariamente un TDL.

 

4. Los hablantes tardíos necesitan seguimiento

No todos los niños que comienzan a hablar tarde desarrollarán un TDL. Sin embargo, aquellos que presentan factores de riesgo —como dificultades para comprender el lenguaje, poco uso de gestos o antecedentes familiares— requieren una evaluación e intervención tempranas, además de un seguimiento periódico para observar su evolución.

¿Por qué este consenso es tan importante?

Contar con criterios comunes permite:

  • favorecer diagnósticos más precisos;

  • mejorar la comunicación entre profesionales;

  • orientar mejor a las familias;

  • facilitar el acceso a apoyos e intervenciones oportunas;

  • impulsar investigaciones utilizando un mismo lenguaje.

En definitiva, cuando todos hablamos el mismo idioma respecto al TDL, los principales beneficiados son los niños y sus familias.


En Audilen…

Creemos que un diagnóstico no es solo poner un nombre a una dificultad. Es comprender las fortalezas y necesidades de cada niño para acompañar a la familia con información clara, evaluación especializada y una intervención basada en la mejor evidencia científica disponible.


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