dificultades audititvas

Conductas desafiantes en niños con dificultades de comunicación

Cómo entenderlas y acompañarlas

Margarita Von Appen

Muchos niños con dificultades auditivas, comunicativas y/o lingüísticas quieren comunicarse constantemente; tienen ideas, emociones y necesidades, sin embargo, no siempre logran expresarlas como quisieran. Cuando esto ocurre una y otra vez, es común que aparezcan conductas que preocupan a las familias como: rabietas, enojo, llanto intenso, negativa a hablar o incluso evitación de actividades.

Esto no es “mala conducta” o “portarse mal”. En muchos casos, es una forma de comunicar frustración, cansancio o necesidad de ayuda o atención.


Cuando aparece la frustración

Un ejercicio importante, que nos ayuda a comprender la posición en la que se encuentran estos niños, es imaginarnos por un momento que queremos decir algo importante, pero nadie logra entendernos. Probablemente nos sentiríamos frustrados, enojados o tristes. Los niños con dificultades comunicativas expresen estos sentimientos a través de estas conductas, siendo estas muchas veces su única forma de comunicación al no lograr por otra forma.

Estas frustraciones se puedes ver expresadas a través de:

·      Rabietas frecuentes

·      Gritos o llanto intenso

·      Negativa a repetir palabras

·      Enojo cuando se les corrige

·      Evitación de hablar frente a otros

·      Baja tolerancia a la frustración

Estas conductas no significan que el niño sea “malcriado” o “desobediente”. Muchas veces reflejan que no cuenta aún con las herramientas necesarias para expresar lo que necesita o siente.


¿Por qué aparecen estas conductas?

Desde la psicología conductual, entendemos que toda conducta cumple una función. Lo que, en el caso de niños con dificultades de comunicación, puede estar relacionada con:

·      Sentirse incomprendido

·      Cansarse de intentar hablar o escuchar

·      Percibir demasiada exigencia

·      Temor a equivocarse

·      Compararse con otros niños

Cuando la comunicación se vuelve difícil, el comportamiento puede transformarse en el recurso más inmediato y efectivo desde el punto de vista de los niños.


¿Qué podemos hacer en casa?

Existen distintas estrategias y observaciones que nos pueden ayudar a comprender mejor el comportamiento de nuestros hijos. Algunas de ellas son:

1.     Observar antes de reaccionar

Es importante tener en cuenta toda la escena antes de fijarnos en la conducta en sí. Comprender el contexto ayuda a responder y manejar con mayor calma y efectividad. Preguntarnos ¿Qué ocurrió justo antes? ¿Qué estaba intentando hacer o decir? ¿Se le estaba pidiendo algo muy complejo? Hay que actuar como “detectives” para lograr entender la conducta.

2.     Deternernos y validar antes de corregir

Antes de corregir la conducta, o reaccionar con un castigo, debemos validar la emoción. Por ejemplo: “Veo que te enojaste porque no te entendí” “Tranquilo, tomate tu tiempo para explicar, yo estoy intentando entenderte”.

Cuando un niño se siente comprendido y contenido, este suele bajar la intensidad de la conducta. Después, al estar más calmado, se le puede ayudar a modelar la oración o palaba correcta sin presión.

3.     Validar el intento, no solo el resultado

Es fundamental valorar el esfuerzo comunicativo a pesar de que no se cumpla. Esto se puede hacer a través de frases afirmativas como: “Me gustó que lo intentaras” “Gracias por mostrarme lo que querías” “Lo hiciste muy bien, aunque no saliera perfecto”. Este refuerzo positivo fortalece la confianza y la motivación a seguir intentando.

4.     Enseñar alternativas

Buscar y enseñar conductas alternativas para que el niño aprenda a comunicarse de una manera que no sea por estas conductas desafiantes. Lo cual se puede lograr modelando maneras en las que se le enseñe a como pedir ayuda, como decir “no puedo”, como señalar o usar carteles, etc.


¿Cuándo buscar apoyo?

Es recomendable consultar si:

·      Las conductas interfieren en la vida diaria

·      El niño evita comunicarse de forma persistente

·      La frustración va en aumento

·      La familia se siente sobrepasada


Un abordaje temprano permite prevenir mayores dificultades emocionales y apoyar de manera integral el desarrollo del niño.